sábado, 31 de octubre de 2009

El testimonio de Martin Harris




Fuente: gospeldoctrine.com

Martin Harris


Se sabe mucho menos de las circunstancias que rodearon la excomunión de Martin Harris. Martin siempre fue un firme apoyo de José Smith y no se puede creer que considerara a José un profeta caído como hicieron los otros testigos. Por alguna razón, Martin fue excomulgado en Kirtland, Ohio en Diciembre de 1837.




Después de alejarse de la iglesia, Martin se unió a varias sectas no ortodoxas de su época. Por un tiempo estuvo con los tembladores e inclusive salió en una misión a Inglaterra a favor de los Estrangitas (Strangites). A pesar de haber sido bautizado nuevamente en 1842, nunca siguió a los santos al oeste. Por ello se le consideró un desertor desde entonces. Vivió por muchos años en Kirtland y voluntariamente se hizo custodio del Templo de Kirtland. Una entrevista interesante tuvo lugar entre Martin y William H. Homer, quien pasó por El Templo de Kirtland a su regreso de la misión, camino a su casa:
“Homer regresaba de una misión para la iglesia en 1869 y decidió visitar el Templo de Kirtland. Parece que no tenía conocimiento de que Martin Harris, suegro de su hermana, era el custodio . . .




“Vi a Martin Harris, a fines de Diciembre de 1869, en Kirtland, Ohio. A mi regreso de una misión a Inglaterra, me detuve a visitar a algunos de mis familiares en Pennsylvannia. Al reanudar mi viaje, uno de mis primos, James A. Crockett, quien no era miembro de la iglesia, me acompañó hasta Kirtland, Ohio. Pasamos la noche en Kirtland y a la mañana siguiente, después del desayuno, preguntamos al dueño quien custodiaba el Templo Mormon de Kirtland y se nos informó que Martin Harris era el custodio y nos indicó donde podríamos encontrar a este viejo caballero. Siguiendo sus instrucciones llegamos a su puerta y tocamos. En respuesta abrió la puerta de la cabaña un hombre enflaquecido y pobremente vestido, en quien el invierno de la vida había descargado su peso. Era Martin Harris . . .




“Podía leerse la historia de su vida en su cara. Estaban las marcas de la edificación espiritual. Estaban las marcas de una aguda desilusión. Estaba una gran hambre de paz, de alegría, de divina calma que parecía no haber vuelto a su vida. Era una figura patética, y sin embargo una figura de fortaleza. Pero entre todo ello podía verse en este hombre el hecho de que había sido rico, de que en su vida habían entrado experiencias muy nobles que solo unos pocos han podido vivir . . .




“Me presenté modestamente como el cuñado de su hijo, Martin Harris, -ya que él se casó con mi hermana y también me presenté como un élder de la iglesia que regresaba de una misión en el extranjero . . .

“El efecto de mi presentación fue impactante. El factor de mi parentesco se hizo insignificante ante el hecho de ser ciudadano de Utah. El viejo hombre se puso en guardia reflejando resentimiento. Eres uno de esos Mormones Brighamitas, ¿o no? Dijo bruscamente. Entonces se burló impacientemente de Utah y del fundador de ese estado. En vano traté de regresar la plática hacia su familia. Martin Harris parecía estar obsesionado, no entendía que frente a él se encontraba un hombre que conocía a su esposa y a sus hijos, quienes siguieron a la iglesia hasta Utah . . .




“Después de algún tiempo, sin embargo, el viejo dijo, ‘quieres ver el Templo, ¿o no? Si, por supuesto, exclamé, si es posible. Entonces traeré la llave.’ Desde ese momento, Martin Harris, salvo ocasionales arranques, se abrió con interés. Nos guío a través de los cuartos del Templo y nos explicó como se usaban. Nos mostró la escuela de los Profetas. Nos mostró donde había colgado el velo del Templo. Nos relató emocionantes historias en relación a la historia del sagrado edificio . . .




“Despues se centró en hablar contra los Mormones de Utah. Una injusticia, una gran injusticia había sido realizada hacia él. Él debió haber sido el presidente de la iglesia . . .




“¿Qué hay respecto a su testimonio del Libro de Mormón? ¿Todavía cree que el Libro de Mormón es verdadero y que José Smith fue un profeta? De nuevo el efecto de mi pregunta fue impactante. Un viejo cambiado se paró ante mi. No era un hombre quejoso ya más. Era un hombre con un mensaje, un hombre con una noble convicción en su corazón, un hombre inspirado de Dios e investido con divino conocimiento. A través de una ventana, cuyo vidrio estaba roto, brillaba un rayo del sol invernal, claro y radiante.




“Jóven, ‘contestó Martin Harris con una gran seriedad, ¡que si lo creo! ¿veo el sol radiante? Tan seguro como estoy de que el sol brilla sobre nosotros y nos ilumina y la luna y las estrellas nos alumbran por la noche, así como el aliento de vida nos sostiene, así de seguro estoy que José Smith fue un profeta de Dios, escogido por Dios para iniciar esta última dispensación de la plenitud de los tiempos; así estoy de seguro de que el Libro de Mormón fue divinamente traducido. Vi las planchas, vi al Ángel; Escuché la voz de Dios. Se que el Libro de Mormón es verdadero y que José Smith fue un profeta verdadero de Dios. Primero dudaría de mi existencia, antes de dudar de la divina autenticidad del Libro de Mormón o del divino llamamiento de José Smith.’ Fue un momento sublime. Fue un maravilloso testimonio. La emoción llegó hasta la raíz de nuestro cabello. Ese desarrapado y enflaquecido hombre pequeño se transformó, mientras se paraba con la mano hacia el sol del cielo. Un halo parecía rodearle. Un divino fuego brillaba en sus ojos. Su voz latía al ritmo de la convicción y la sinceridad de su mensaje. Ese era realmente el Martin Harris cuyo ardiente testimonio no había poder sobre la tierra que pudiera extinguir. Fue el momento más emocionante de mi vida.”

“Pregunté a Martin Harris como podía compartir tan maravilloso testimonio después de abandonar a la iglesia. Me dijo, ‘Joven, jamás abandoné a la iglesia, la iglesia me abandonó a mí.´”(Trozos selectos de The Case of the Book of Mormon Witnesses por Eldin Ricks, págs. 17-18)

Como resultado de esa entrevista, Martin accedió a visitar a sus familiares en Utah. Sin embargo, no tenía los medios y la iglesia tuvo que ayudarle con el transporte. Se le pidió a Edward Stevenson que fuera a Kirtland, a fin de acompañar al señor Harris hacia Lago Salado. Nuestra historia continúa:

“Cuando Martin llegó a Lago Salado, visitó a Brigham Young en su casa. Se reconciliaron y Martin Harris fue invitado a hablar en el tabernáculo y compartió su ferviente testimonio. Fue a Smithfield, y después a Clarkston y se quedó a vivir con su hijo, Martin Harris, y con el transcurso del tiempo, regresó completamente a amistarse y comulgar con los santos . . .”

“Martin Harris pasó los últimos cinco años de su vida; un tiempo cuando el hombre generalmente busca la paz con su hacedor visitando las congregaciones de los santos y compartiendo su testimonio de lo que había visto y oído. Hablé personalmente con una mujer que le escuchó siendo joven, compartir su testimonio en un servicio de la iglesia. Me dijo lo impresionada que estuvo ante su historia acerca de haber visto a un ángel y a las planchas del Libro de Mormón; y debo admitir, que a mi también me impresionó, a pesar de escuchar la historia a través de una segunda persona. Este asunto de lo impresionante del testimonio de Martin Harris, por cierto, llama la atención, pues aún después de haber cruzado los 90 años y a la vista de su inminente muerte, él continuó testificando que había visto a un ángel y al libro. Me parece que ese entusiasmo, que nunca disminuyó con el paso de los años, es un punto que no debe pasarse por alto . . .
“Pocas horas antes de su muerte y cuando estaba tan débil, tan debilitado al grado de no reconocerme a mi o a cualquiera y cuando ni siquiera sabía a quien le hablaba, le pregunté que si no existía algún elemento por pequeño que fuera, de fraude o engaño en las cosas que se dijeron o escribieron respecto a la aparición del Libro de Mormón y contestó, como lo había hecho en múltiples ocasiones, tantas y tantas veces a mi oído y con el mismo entusiasmo que siempre manifestó cuando estaba sano y vigoroso y dijo: ‘El Libro de Mormón no es una falsificación. Yo se lo que se. He visto lo que he visto y he oído lo que he oído. He visto las planchas de oro de las cuales se escribió el Libro de Mormón. Un Ángel se apareció ante mi y ante otros y testificó de la autenticidad del registro y he tenido oportunidad de haber prestado falso testimonio y jurar falsamente de mi testimonio que ahora comparto, pude haber sido un hombre rico, pero no hubiera podido testificar otra cosa que no fuera lo que he testificado o que he estado haciendo por estas cosas que son verdaderas.’” .´”(Trozos selectos de The Case of the Book of Mormon Witnesses por Eldin Ricks, págs. 20-21)

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